Cosas de líquenes

cementerio_Irlanda

Ancestrales como la historia de la Tierra.
Modernos como las baldosas en los tejados o en las tumbas.
Adaptados como chiquillos sin zapatos en tiempos de hambre,
y a la vez tan humanos,
tan volubles en sus coriáceas almas, en sus colores apagados.
Su amor no lo destruye ni la radiación cósmica,
ni el vacío – esa angustiosa falta de presión, oxígeno y dióxido de carbono – ;
ni el tiempo – esa losa que nos pesa, esa tumba –
pero, a pesar de todo, tienen secretos que estremecen.
Él –el hongo, ese ser que respira, que abraza y cobija a su verde amante–
no puede vivir sin ella –el alga, esa criatura que se mece en su regazo y le da verdor.
Y sin embargo, con una debilidad casi humana,
le es infiel.
Con crueldad y nuestro consentimiento,
identificamos las especies de líquenes sólo por el hongo,
aunque éste vaya del brazo con cualquier alga de una noche.
Ella lo sabe,
pero le sigue dando oxígeno y comida,
como aquellas mujeres sumisas de no hace tanto.
Ella es la guardiana del secreto y la impulsora
de ese amor casi mineral y eterno.
Sólo el alga –y también los científicos indiscretos– sabe
que la vida de él está en sus manos.
Ella puede vivir en solitario
como tantas mujeres olvidadas
por el torpe tiempo y la torpe historia
–que sólo recuerda hombres condecorados y puteros–,
manteniendo viva –en secreto, casi en soledad–
la llama del amor y del misterio:
de la eternidad verde y callada
que vive en la paz fotosintética de un viejo cementerio.

Jaume Flexas

Tierra Fuego

“Cuatro son los culpables principales de este poema: Miquel Àngel Conesa, Nacho García Plazaola, Bea Fernández, y Elena Soto. Las conversaciones sobre líquenes que mantuve con los cuatro en corto plazo de tiempo, y el poema de Elena “Líquenes crustáceos”, fueron el caldo de cultivo del que éste emergió espontáneamente. A ellos van dedicadas las partes buenas que el poema pueda tener; me quedo las malas para mí como premio a mi inexperiencia” Jaume Flexas.

ALGA HONGO Liquen
Un poco de ciencia
Los líquenes se consideran entre los organismos ‘vegetales’ más antiguos en colonizar los ambientes terrestres. Aunque en el agua ya existiese vida vegetal mucho antes, en ‘la superficie’ no apareció hasta hace unos 500 millones de años, y en formas parecidas a lo que hoy conocemos como líquenes. Están formados por la simbiosis entre un hongo y un alga. Son seres fascinantes y muy resistentes a ambientes extremos.
La Taxonomía clasifica como la misma ‘especie’ -el concepto es vago al tratarse de una simbiosis entre dos organismos que pueden clasificarse como especies independientes- a una única especie de hongo que puede ir asociada con varias especies de alga. Las últimas investigaciones han desvelado que, curiosamente, entre esas especies diversas de alga que pueden formar parte de un único liquen, muchas pueden sobrevivir perfectamente aisladas, como algas libres. Y, aunque ocurre igual con alguno de los hongos, es menos habitual, ya que la mayoría se han especializado en este tipo de simbiosis y no suelen encontrarse en la naturaleza como formas de vida independientes de ‘sus’ algas. En definitiva, la Taxonomía pone el énfasis en el hongo como criterio de clasificación, pero en ‘la vida real’ el alga es más ‘altruista’; en los casos más extremos ella puede vivir sin el hongo pero el hongo sin ella, no.

JAUME FLEXAS

Jaume Flexas

Making-of

Lorca decía que “Poesía es la unión de dos palabras que uno nunca supuso que pudieran juntarse, y que forman algo así como un misterio”, pienso que esta definición no solo es válida para las palabras, y como muestra los líquenes.
La primera vez que hablé con Jaume Flexas me contó su investigación sobre los efectos de la sequía en la fotosíntesis, fue para un artículo de ciencia. En la segunda conversación me explicó sus trabajos sobre helechos y musgos; y en algún momento salió también el tema de los líquenes, unos seres que siempre me han intrigado y que poéticamente se me resistían –no me salían versos que les hicieran justicia-. Lo siguiente fue un experimento de poesía y ciencia, al que Jaume se ‘apuntó’ como lector.
Hace unos meses, retomé el asunto de los líquenes y el resultado, finalmente, me gustó. Se me ocurrió enviarle el poema y coincidió que estaba en un congreso en el que, mira tú por dónde, hablaban de líquenes. El resultado final es su poema ‘Cosas de líquenes’, una visión muy personal de esta sorprendente asociación por la que seguro que sus coetáneos –en todos los reinos siempre hay un aguafiestas- no daban ni un duro.

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