Urania en las Nubes de Magallanes

Leavitt_Nbes de Magallanes

Henrietta Leavitt / Placa negativa de las Nubes de Magallanes, galaxias satélite de la Vía Láctea. FOTOS: Observatorio de Harvard College

¿Qué son las estrellas sino asteriscos
para puntuar una Vida humana?
Emily Dickinson

Urania asoma la cabeza en la Pequeña Nube de Magallanes

A Henrietta Leavitt

Allá arriba, en Carmen Alto,
el firmamento es un velo desamparado de puntos luminosos,
temblando sobre el volcán Misti.
Aquí abajo, en el sótano del Observatorio de Harvard,
un firmamento blanco se extiende en placas de vidrio,
millones de estrellas del hemisferio austral inmóviles
clavadas en imágenes como mariposas diminutas.
En el otoño de Massachusetts,
las hojas flotan en el papel pintado como cuerpos celestes
y las nebulosas se archivan en cajones,
miles de años luz en sobres de papel con unas iniciales.
Entre cristales de mapas estelares,
Urania se ciñe la diadema
sujetando el cabello con estrellas variables,
Henrietta advierte motas negras que pulsan,
analiza su brillo, reúne coordenadas
y apunta los datos.
Urania ya asoma la cabeza en la Pequeña Nube de Magallanes
la luz que llega va cambiando,
«Las más brillantes tienen periodos más largos».
Finalmente, un destello en la hilera de cifras,
Henrietta ya comienza a intuir las distancia de las manchas borrosas.

calculadoras de Harvard

Computadoras de Harvard en el trabajo, alrededor de 1890, Leavitt (sentada, tercera desde la izquierda), Annie Cannon, Williamina Fleming (de pie en el centro) y Antonia Maury. / FOTO Harvard College Observatory

Urania raised her head in the Small Magellanic Cloud

To Henrietta Leavitt

Up there, in Carmen Alto,
the sky is a helpless veil of luminous points,
trembling on the Misti volcano.
Down here, in the basement of the Harvard Observatory,
a white firmament extends into glass plates,
millions of stars in the southern hemisphere motionless
nailed to images like tiny butterflies.
In the fall of Massachusetts,
the leaves float on the wallpaper
as celestial bodies
and the nebulae are filed in drawers,
thousands of light years in paper envelopes
classified with initials.
Between stellar map crystals,
Urania wraps her headband
holding hair with variable stars,
Henrietta warns black specks that pulse
analyzes its brightness, gather coordinates
and writes down the data.
Urania already raised her head in the Small Magellanic Cloud
the light that comes, changes,
“The brightest have longer periods.”
Finally, a flash in the row of figures,
Henrietta already begins to sense the distance of blurry spots.

Pequeña Nube de Magallanes

Placa fotográfica de la Pequeña Nube de Magallanes. FOTOS: Observatorio de Harvard College

Henrietta Leavitt, la calculadora de distancias estelares

Henry Draper, médico aficionado a la astronomía, había fotografiado la nebulosa de Orión, capturado el espectro de la estrella Vega y realizado numerosos trabajos sobre todo fotográficos. Tras su muerte, en 1882, su viuda donó al observatorio de Harvard todas las placas realizadas por su marido y 400.000 dólares para que este centro siguiera con el proyecto, la primera catalogación completa del cielo a través del espectro de las estrellas.
Edward Charles Pickering, director del observatorio, fue el encargado de continuar el trabajo y gestionar su legado. Se construyeron dos nuevos telescopios, uno en Harvard y otro, en el hemisferio Sur (Arequipa, Perú), para observar las constelaciones australes. El objetivo era realizar la primera catalogación completa del cielo a través del espectro de las estrellas, una tarea descomunal de compilación de medidas y datos.
Para hacer este trabajo, Pickering decidió contratar a mujeres, porque según él «eran perfectas para las labores tediosas y rutinarias que no requerían pensar»; otro motivo poderoso, quizás el principal, fueron los salarios, mucho más bajos que los de los hombres. Durante años, el observatorio reclutó a un gran número de mujeres lo que permitió la publicación, en 1890, de un primer catálogo con más de 10.000 estrellas clasificadas según su espectro y, siete años más tarde, otro mejorado.
Pero resultó que el harén de Pickering, como se llamaba peyorativamente a las computadoras humanas, pensaba y, además de la tarea encomendada, realizó descubrimientos cruciales sobre los que se asentaría la futura astronomía. Aunque sus nombres fueran silenciados –no solían aparecer en las publicaciones- posteriormente se comenzaron a reconocer algunos de sus hallazgos.
La lista es numerosa, pero una de las más notables es Henrietta Swan Leavitt (1868-1921), una joven astrónoma que, tras graduarse en el Radcliffe College, comenzó a trabajar en el observatorio de Harvard, primero como voluntaria y más tarde contrata por un mísero sueldo para observar el amplio catálogo de placas fotográficas de estrellas y compararlo con otras tomadas en épocas diferentes.
Mientras estudiaba las llamadas estrellas variables, aquellas cuya luminosidad cambia con el tiempo de forma periódica, se fijó en un tipo particular de variables llamadas Cefeidas, que se acumulaban en la región conocida como la Pequeña Nube de Magallanes, y observó cierto patrón en su comportamiento. En contra de los consejos de su jefe, Leavitt asumió que las Cefeidas se encontraban a la misma distancia de la Tierra y que el periodo que tardaban en volverse opacas o luminosas estaba relacionado con su magnitud y que conociendo ésta se podía conocer la distancia. «Las estrellas variables más brillantes tienen los periodos de luminosidad más largos», escribió en el Informe Anual del observatorio de 1908, una breve y concisa apreciación que escondía una herramienta capaz de medir distancias en el Universo.
En 1912 apareció publicado un trabajo original de Leavitt «Periodos de 25 estrellas variables en la pequeña Nube de Magallanes», firmado por Pickering, aunque empezaba con la nota «este trabajo ha sido preparado por la Sta. Leavitt», en el que explicaba que según sus datos esas estrellas palpitaban con un ritmo regular y tenían una mayor luminosidad intrínseca cuanto más largo era su periodo.
La conocida como “Ley de Leavitt” se utilizó para medir la distancia entre distintos objetos en el espacio. Gracias a su investigación, se pudo calcular el tamaño de la Vía Láctea. En 1920, el investigador Edwin Hubble usaría sus hallazgos, junto con los datos del corrimiento al rojo, para demostrar que había muchas más galaxias que la nuestra y que el Universo era más grande de lo que se pensaba hasta ese momento.
Además de descubrir numerosas estrellas, cuatro de ellas novas, estudió algunos tipos como las binarias o los asteroides; estableció un patrón de medida de las fotografías que fue aceptado por el International Comittee of Photographic Magnitudes y sus contribuciones están detrás del gran progreso de la astronomía de los años veinte del siglo pasado.
Debido a los prejuicios de la época, Leavitt no consiguió ningún reconocimiento académico, su categoría laboral no pasó de ayudante y no pudo desarrollar sus propios métodos de trabajo. En 1921, un cáncer acabó con su vida en poco tiempo, la noticia apenas trascendió, en 1924, el matemático sueco Mittag-Leffler la propuso como candidata al Premio Nobel, sin saber que había muerto tres años antes.

En el Observatorio de Harvard College, las mujeres estudiaron durante más de 130 años del cielo nocturno, todo está preservado en fotografías de placas de vidrio. La colección de placas fotográficas astronómicas de HCO es el archivo más grande del mundo de negativos de placas de vidrio estelares, reúne más de 500,000 momentos celestiales capturados en el tiempo, algunos datan de mediados del siglo XIX.

uno de los cuadernos de Henrietta Swan Leavitt

Uno de los cuadernos de Henrietta Swan Leavitt

El diario secreto de Henrietta S. Leavitt videoblog creado por la unidad de divulgación del Instituto de Astrofísica de Andalucía sobre la astrónoma Henrietta Leavitt.

índice

La estrella HD 149143 se llama Rosalía de Castro

estrella Rosalia HD 149143.jpg

La estrella HD 149143  se llamará oficialmente ‘Rosalía de Castro’

Desde ahora, la estrella HD 149143 y su planeta HD 149143 b se llamarán ‘Rosalía de Castro’ y ‘Río Sar’. Se trata de una estrella amarilla enana, similar a nuestro Sol (su masa es 1.21 veces la de nuestra estrella). El exoplaneta HD 149143 b, desde ahora ‘Río Sar’, es de tipo gigante gaseoso, y su masa, como mínimo, es 1.33 veces la de Júpiter. Está muy próximo a su estrella y completa una órbita alrededor de ella en tan sólo cuatro días. Estos sistemas se encuentran en la constelación de Ofiuco a 240 años-luz de la Tierra.

Negra sombra

Cando penso que te fuches,
negra sombra que me asombras,
ó pé dos meus cabezales
tornas facéndome mofa.

Cando maxino que es ida,
no mesmo sol te me amostras,
i eres a estrela que brila,
i eres o vento que zoa.

Si cantan, es ti que cantas,
si choran, es ti que choras,
i es o marmurio do río
i es a noite i es a aurora.

En todo estás e ti es todo,
pra min i en min mesma moras,
nin me deixarás nunca,
sombra que sempre me asombras.

Rosalía de Castro, de “Follas novas”. Música de Xoán Montes Capón (Lugo, 1840-1899) inspirada en un alalá recogido en A Cruz do Incio. Fue presentado por primera en el Gran Teatro de La Habana, en 1892.

Ariana Barrabés – voz
Arabela Fernández – viola
Jesús Olivares – guitarra

Posicion-HD149143-Optico-Melinguer

Posicion de HD149143 en la constelación de Ofiuco

La estrella HD 149143 (Rosalía de Castro), forma parte del catálogo Henry Draper de estrellas, compilado a principios del s. XX por la astrónoma Annie Jump Cannon y sus colaboradoras del Observatorio de Harvard (EEUU).

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Ilustración de un exoplaneta con su estrella al fondo. / Unión Astronómica Internacional (IAU)

El exoplaneta HD 149143 b (Río Sar), fue descubierto en 2005 desde el Observatorio de la Alta Provenza (Francia) con la técnica de espectroscopia Doppler. Es lo que se conoce como un planeta de tipo júpiter caliente.

Una luciérnaga entre el musgo brilla

Una luciérnaga entre el musgo brilla
y un astro en las alturas centellea;
abismo arriba, y en el fondo abismo;
¿qué es al fin lo que acaba y lo que queda?
En vano el pensamiento
indaga y busca en lo insondable, ¡oh ciencia!
Siempre, al llegar al término, ignoramos
qué es al fin lo que acaba y lo que queda.

Rosalía de Castro, En las orillas del Sar

Literatura celeste. Otras estrellas y planetas orbitando las letras

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Sello dedicado a la poeta de Azerbaiyán Mahsati Ganjavi

El proyecto NameExoWorlds abarca más de 110 conjuntos de exoplanetas y estrellas anfitrionas, asignados a países diferentes. Cada uno de ellos ha organizado una campaña nacional. Además de Rosalía de Castro y Río Sar, algunos de los nuevos nombres de estrellas y planetas tienen mucho que ver con la literatura, como Solaris y Pirx del gran Stanisław Lem, elegidos por Polonia; Macondo y Melquiades, población y personaje de Gabriel García Márquez en “100 años de Soledad”,  escogidos por Colombia o; Mahsati y Ganja, elección de Azerbaiyán. Desde ahora la estrella HD 152581,  a 193 años luz de distancia en la constelación de Ofiuco, llevará el nombre de la poeta persa del siglo XII Mahsati Ganjavi (1089-1159), y el exoplaneta HD 152581 b, el de su ciudad de nacimiento, Ganja, antigua capital de Azerbaiyán, famosa por reinar en ella un espíritu de sabiduría y libertad.

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Otra de las opciones literarias es la deSuecia, que ha escogido el nombre de Aniara para la estrella HD 102956 e Isagel para el planeta extrasolar HD 102956 b. Aniara es un poema épico de ciencia ficción, del escritor sueco Harry Martinson en el que se narra un viaje espacial. Escrito durante la Guerra Fría, el autor emplea imágenes científicas: como por ejemplo, el “espacio curvo” de la teoría general de la relatividad de Einstein.

“Viajamos tranquilamente en este sarcófago, ya no perjudicamos, como antes, al planeta ni difundimos la paz de la muerte. Aquí podemos preguntar sin más, responder con la verdad, mientras la nave Aniara, que va sin rumbo, por la sala desierta del espacio se aleja de una era infame”
aniara Martinson

La tabla periódica de David Jou

tablaperiodica

Miradlos: a la derecha, los gases nobles -en rojo, como los domingos, como los días de descanso, porque rehúsan combinarse y son tranquilos y ociosos-;

arriba de todo, como dos torres aisladas, el hidrógeno y el helio, los grandes dominadores del contenido del Universo -quizás fuera más lógico ponerlos como raíces que como cúpulas, puesto que son: origen, cimiento, raíz celeste-;

debajo de ellos, seis pisos más y, como dos sótanos, los lantánidos y los actínidos;

en el sexto piso, las oficinas de la vida -el carbono, el nitrógeno y el oxígeno, tan fecundos: bosques y atmósferas, energías enterradas-;

en el quinto -seguimos bajando- toda la arena de las playas y los desiertos -el silicio- y la sal de todos los mares -el cloro, el sodio y el magnesio-;

en el cuarto piso, el calcio y el potasio -que con el sodio del quinto fluyen en los nervios como los sueños- y también, como una puerta infranqueable, el hierro.

A partir de él, todo se ha formado con violencia, en grandes explosiones de supernovas: el cobre del cuarto piso, la plata del tercero y, en el segundo, el oro y el mercurio -fascinantes- y el plomo y el bario, tan densos.

En el primer piso, la brasa todavía quema: el radio -y el uranio en su sótano-, radiactivos, como sí quisieran recordarnos el tumulto atronador de su origen.

En el último sótano predomina el artificio: los átomos son muy breves, un juego de ingenio que dura el tiempo de ganar un nombre y que se deshace -ya no hacen ninguna falta: son una fatiga que el mundo no sabe muy bien como soportar.

Miradlos: aquí, los ladrillos del mundo, puestos en fila en pisos, en estantes, repitiendo regularmente propiedades, delatando una estructura más profunda,
ya no son materia eterna e inmutable, sino historia en las estrellas, rastros de tanteos, edificios de niveles y subniveles, nubes de incertidumbres, flores combinatorias.
Venimos de más allá de estas piezas, vamos no sabemos dónde, pero qué gozo, haber podido comprender detrás de ellas la belleza de una lógica del mundo!

David Jou de su poemario Las escrituras del universo escrito en catalán.
escriptures univers

La taula periòdica

Mireu-los: a la dreta, els gasos nobles -en vermell, com els diumenges, com els dies de descans, perquè refusen combinar-se i són tranquils i desvagats-;
dalt de tot, com dues torres isolades, l’hidrogen i l’heli, els grans dominadors del contingut de l’Univers -potser fóra més lògic posar-los com a arrels que com a cùpules, ja que són això: origen, fonament, arrel celest-;
sota d’ells, sis pisos més i, com dos sòtans, els lantànids i els actínids;
al sisè pis, les oficines de la vida -el carboni, el nitrogen i l’oxigen, tan fecunds: boscos i atmosferes, energies enterrades-;
al cinquè -seguim baixant- tota la sorra de les platges i els deserts -el silici- i la sal de tots els mars -el clor, el sodi i el magnesi-;
al quart pis, el calci i el potassi -que amb el sodi del cinquè flueixen en els nervis com els somnis- i també, com una porta infranquejable, el ferro.
A partir d’ell, tot s’ha format amb violència, en grans explosions de supernoves: el coure del quart pis, la plata del tercer i, en el segon, l’or i el mercuri -fascinants- i el plom i el bari, tan densos.
Al primer pis, la brasa encara crema: el radi -i l’urani en el seu sòtan-, radioactius, com si volguessin recordar-nos el tumult eixordador del seu origen.
Al darrer sòtan predomina l’artifici: els àtoms són molt breus, un joc d’enginy que dura el temps de guanyar un nom i que es desfà -ja no fan cap falta: són una fatiga que el món no sap ben bé com suportar.
Mireu-los: aquí, els maons del món, arrenglerats en pisos, en prestatges, repetint regularment propietats, delatant una estructura més profunda, ja no pas matèria eterna i immutable, sinó història en els estels, rastres de tempteigs, edificis de nivells i subnivells, núvols d’incerteses, flors combinatòries.
Venim de més enllà d’aquestes peces, anem no sabem on, però quin goig, haver pogut comprendre rere d’elles la bellesa d’una lògica del món!
David Jou Les Escriptures de l’univers: The scriptures of the universe

 

periodictable

The Periodic Table

Look at them: at the right, the noble gases – in red, like Sundays, like
holidays, because they refuse to combine and they are calm and idle–;

at the very top, like two isolated towers, hydrogen and helium, the two dominators
of the content of the Universe – maybe it would be more logical to put them as roots than as cupolas since that is what they are: origin, foundation, celestial roots–;

under them, beneath six more floors, the lanthanides and the actinides are like two basements;

on the sixth floor, the offices of life – carbon, nitrogen and oxygen, so
bountiful: woods and atmospheres, buried energy–;

on the fifth – as we continue down– under the sand of the beaches and deserts – silicon– and the salt of all seas -chlorine, sodium and magnesium–;

on the fourth floor, calcium and potassium – that with the sodium on the fifth, flow in every nerve like dreams– and also, as insurmountable as a door, iron.

Starting there, everything began to take shape violently, with great explosions of
supernovas: the copper from the fourth floor, the silver from the third and, on the second, gold and mercury – so fascinating– and lead and barium, so dense.

On the first floor, the embers still burn: radium -and uranium in its basement-,
radioactive, as if they wanted to remind us of the deafening tumult of their origin.

In the next to last basement artifice dominates: the atoms are brief, with a beguiling ingenuity that lasts just long enough to get a name and then to disintegrate – since they are no longer necessary: they are a burden the world does not really know how to handle–.

Look at them: here, these building blocks of the world, aligned in floors, shelves,
regularly repeating properties, insinuating a deeper structure,
no longer eternal and immutable material, but history in the stars, traces of
temptations, buildings with levels and sub-levels, clouds of uncertainties,
combinatorial flowers.
We come from beyond these pieces, where we are going we do not know, but what joy
that through them we have been able to understand the beauty of a logic to the world!
Traducción Elisenda Vila

Así se escribe la ciencia

secreto del universo

Así soñé yo la verdad
Homenaje a Kepler

Kepler miró llorando los cinco poliedros
encajados uno en otro, sistemáticos, perfectos,
en orden musical hasta la gran esfera.
Amó al dodecaedro, lloró al icosaedro
por sus inconsecuencias y sus complicaciones
adorables y raras, pero, ¡ay!, tan necesarias,
pues no cabe idear más sólidos perfectos
que los cinco sabidos, cuando hay tres dimensiones.
Pensó, mirando el cielo matemático, lejos,
que quizá le faltara una lágrima al miedo.
La lloró cristalina: depositó el silencio,
y aquel metapoliedro, geometría del sueño,
no pensable y a un tiempo normalmente correcto,
restableció sin ruido la paz del gran sistema.
No cabía, es sabido, según lo que decían,
más orden que el dictado. Mas él soñó: pensaba.
Eran más que razones: las razones ardían.
Estaba equivocado, mas los astros giraban.
Su sistema era sólo, según lo presentido,
el orden no pensado de un mundo enloquecido,
y él buscaba el defecto del bello teorema.
Lo claro coincidía de hecho con el espanto
y en la nada, la nada le besaba a lo exacto.

Gabriel Celaya, de su poemario Espejos Transparentes (1968).
Kepler imaginó una relación entre los cinco poliedros regulares y las órbitas de los planetas del sistema solar entonces conocidos (Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno). «La Tierra es la medida para el resto de las órbitas, a ella se circunscribe un dodecaedro; la esfera que lo comprenda será la de Marte. La órbita de Marte está circunscrita en un tetraedro; la esfera que lo comprenda será la de Júpiter. La órbita de Júpiter está circunscrita por un cubo; la esfera que lo comprenda será la de Saturno. Ahora ubica un icosaedro dentro de la órbita de la Tierra; la esfera inscrita en él será la de Venus. Sitúa un octaedro dentro de la órbita de Venus; la esfera inscrita en él será la de Mercurio. He aquí la causa del número de planetas», escribía en El secreto del universo (1597).

ley_termodinamica

 Canto contra el segundo principio de la termodinámica

VAMOS hacia el fin, la neutra igualdad
Y el ¡qué más da!
Todo se apagará.
Mas ¡qué escándalo es la vida cada día!
¡Y qué error el del sexo
multiplicado multiplicante contra la entropía!
Vivimos en la hermosura de una enorme tontería
provisional, ya sabemos:
Belleza para nosotros, disparate para el cero
que fusila en absoluto
y nos retrata, tan niños, felices como idiotas,
parados en un momento
que vivimos y ya nunca viviremos
salvo en cuento,
aunque entonces -¡aquel día!- parecía
que podría seguir, que seguiría
por los siglos de los siglos transfinitos.
A fin de cuentas, ¿quién vive?
Nadie nos espera. Nadie nos persigue.
disfrutemos sin prisa de la idiotez mortal.
Si todo da igual,
llamemos divino, contra la entropía, lo provisional

 

Gabriel_Celaya_

Gabriel Celaya Antología Poética (edición de Antonio Chicharro Chamorro)

Ballena varada en la Bahía de Fundy

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En la Bahía de Fundy, Nueva Escocia, una ballena gigante agitó su poderosa cola creando tal resonancia que el agua sigue fluyendo hacia atrás y hacia adelante, hasta nuestros días.
Leyenda de los indios Micmac

 

Ballena varada en la Bahía de Fundy

Una ballena azul varada en la isla de Brier, Nueva Escocia,
en el horizonte, las nubes dibujan su figura.
Invadidos sus pulmones por la tierra
el espíritu se aferra a la bahía,
mientras el cuerpo asciende y se eleva
para ver la grandeza del océano.
Las rutas migratorias, desde el cielo,
son estelas de pulsos y gemidos,
constelaciones brillando bajo el agua.
Agotada en la arena,
la marea la arrulla con voz de luna oscura
y el aliento encallado comienza a flotar,
adentrándose en la brisa
como una lluvia mínima.
Y,
en un último soplo,
el oleaje mece su aleta caudal,
susurrando leyendas
de ballenas guardianas varadas en el cosmos.
Hacia el sur, la estrella Mira Ceti se hunde en el océano.
En la Bahía de Fundy el latido del mar
descubre el último abrazo de las costas,
cuando los continentes eran como inmensos cetáceos.

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Situada en la costa atlántica de Canadá, la Bahía de Fundy es un brazo de mar de unos 270 km de longitud, una anchura media de 80 km y relativamente poco profunda. Se formó hace unos 160 millones de años, cuando la corteza terrestre se hundió en el momento de la apertura del océano Atlántico. En ella desembocan numerosos ríos lo que, unido a su forma de embudo y a la topografía irregular del fondo, provoca mareas que alcanzan casi 17 metros, de las más extremas del planeta.

Las fuertes mareas de Fundy provocan una inversión del flujo de las aguas entre las mareas bajas y altas; con las bajas las aguas dulces de los ríos desembocan en la bahía mientras que con las altas, las aguas saladas invaden el interior de las tierras. Se calcula que unos cien millones de toneladas de agua van y vienen todos los días –lo que supera el caudal combinado de todos los ríos del mundo–.

Este fenómeno agita los fondos marinos de la zona liberando nutrientes que son utilizados por toda la fauna marina. En Fundy pueden verse diferentes especies de ballenas, sobre todo en verano, cuando llegan procedentes de las aguas más cálidas del sur.

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La Constelación de Cetus o de la Ballena se extiende a lo largo del ecuador, su cabeza se orienta al norte y la mayor parte de su cuerpo al sur. Está situada en la región celeste conocida como Agua, próxima a las constelaciones de Aquarius y Piscis y parece sumergirse en el mar.

Su estrella más brillante es Omicron Ceti, descubierta en 1596 por el astrónomo David Fabricius, y por sus características se la denominó Mira, ‘La Maravillosa’.

Mira Ceti aparece y desaparece periódicamente cumpliendo un ciclo de once meses; pasa de verse a simple vista a no verse en absoluto, y fue la primera estrella variable conocida.

Hoy se sabe que se trata de una gigante roja, a 420 años luz, que se encuentra en las últimas fases de su vida. Sorprendentemente, en 2007, la NASA descubrió que arrastraba una estela en forma de cometa de unos 13 años luz.
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Este poema se publicó originalmente en la sección de “Poesía y Ciencia” en TAM TAM PRESS

Fotografías del Hubble: a la manera de Safo

Fotografías del Hubble: a la manera de Safo

Para Jack Litewka

Hubble Photographs: After Sappho from kellianderson on Vimeo.

Debería ser la visión más deseada de todas
la persona con quien vivir y morir esperas

entrando a una habitación, mirándote con atención, tus ojos los suyos reflejan
Debería ser, pero yo digo que hay algo

más deseable: el ex-estasis de las galaxias
tan lejos de nosotros que no hay palabras

solo óptica y matemáticas
ecuaciones que dejan que la vista penetre en el tiempo

hasta liberaciones, laceraciones de luz y polvo
expuestas como una cavidad corporal, violeta verde lívida y venosa, preciosa

más allá de lo bueno y lo malo, siempre intrínseco a nuestros sueños
más allá del remordimiento, la desilusión, el miedo a la muerte

o a la vida, rabia
por el orden, rabia por la destrucción

—más allá de este amor
que altera el aire cuando ella entra en la habitación

estas impersonae18, o como las llamemos
no nos invadirán como en las películas

son tan viejas, tan nuevas, no somos para ellas
las miramos o no a través del blanco velo

de nuestra mirada subjetiva
pero no nos devuelven la mirada y no podemos herirlas.

Traducción de Isabel Nieto Castejon

Amanda Palmer’s reading of Adrienne Rich’s poem Hubble Photographs: After Sapho, accompanied by an animation from Kelli Anderson.

Hubble Photographs: After Sapho

To Jack Litewka

It should be the most desired sight of all
the person with whom you hope to live and die

walking into a room, turning to look at you, sight for sight
Should be yet I say there is something

more desirable: the ex-stasis of galaxies
so out from us there’s no vocabulary

but mathematics and optics
equations letting sight pierce through time

into liberations, lacerations of light and dust
exposed like a body’s cavity, violet green livid and venous, gorgeous

—beyond good and evil as ever stained into dream
beyond remorse, disillusion, fear of death

or life, rage
for order, rage for destruction

beyond this love which stirs
the air every time she walks into the room

These impersonae, however we call them
won’t invade us as on movie screens

they are so old, so new, we are not to them
we look at them or don’t from within the milky gauze

of our tilted gazing
but they don’t look back and we cannot hurt them.

by Adrienne Rich, Collected Poems: 1950–2012

The Universe in Verse: Amanda Palmer reads “Hubble Photographs: After Sappho” by Adrienne Rich from Maria Popova on Vimeo.

Adrienne Rich

Ciencia y belleza

Whitman_Asimov

Isaac Asimov / Walt Whitman

Science and the Sense of Wonder, escrito por Isaac Asimov el 12 de agosto de 1979, en The Washington Post.
A proposito del poema el astrónomo de Walt Whitman, Asimov escribe sobre la belleza y el asombro de la ciencia.

“Cuando escuché al astrónomo erudito;
cuando las pruebas, las figuras, se alinearon ante mi;
cuando me mostraron los mapas celestes y las
tablas para sumarlos; dividirlos y medirlos;
cuando, sentado, escuché al astrónomo
que hablaba entre aplausos en la sala de conferencias,
de repente, sin motivo, me sentí cansado y hastiado;
hasta que me levanté y salí, para vagar solo,
en el húmedo y místico aire nocturno,
y de vez en cuando,
levantaba la vista en silencio hacia las estrellas”.
Me imagino que muchas personas, al leer los versos de uno de los poemas más famosos de Walt Whitman se dirán a sí mismas, con entusiasmo: “¡Qué gran verdad! ¡La ciencia le quita toda la belleza, reduciéndola a números y tablas y medidas! ¿Para qué molestarse en saber todo eso cuando puedo salir y mirar las estrellas?
Ese es un punto de vista muy conveniente, ya que no solo convierte el conocimiento en innecesario, sino en estéticamente equivocado al hecho de tratar de comprender esas ‘cosas difíciles de ciencia’. En su lugar, se puede echar un vistazo al cielo nocturno, obtener una impresión de su belleza e irse de fiesta a un club.
El problema es que Whitman hablaba de lo que no sabía, pero el pobre no conocía nada mejor.
No niego que el cielo nocturno es hermoso, yo también me he tumbado en una ladera durante horas contemplando las estrellas y quedándome impresionado por su belleza (recibiendo picaduras de insectos y con marcas que tardaron semanas en desaparecer).
Pero lo que veo con mis ojos, esos puntos de luz parpadeantes y silenciosos, no es toda la belleza que existe. ¿Debo mirar ensimismado una sola hoja e ignorar todo el bosque? ¿Debería conformarme con ver el sol brillar en un solo grano de arena y despreciar el conocimiento de toda la playa?
Esos puntos brillantes en el cielo que llamamos planetas, en realidad, son mundos.
Hay mundos con atmósferas densas de dióxido de carbono y ácido sulfúrico; mundos de líquido candente con huracanes que podrían tragar toda la Tierra; Mundos muertos con marcas silenciosas de cráteres; mundos con volcanes arrojando penachos de polvo hacia el cielo sin aire; mundos con desiertos rosados y desolados, cada uno con una belleza extraña y sobrenatural que se reduce a una simple mota de luz si solo miramos el cielo nocturno.
Algunos de una incomparable grandeza, cada uno de ellos resplandeciendo con la luz de mil soles como el nuestro; hay mundos con atmósferas densas de dióxido de carbono y ácido sulfúrico; mundos con huracanes rojos de líquido candente que podrían tragarse toda la Tierra; mundos muertos con pacíficas marcas de cráteres; mundos con volcanes que crean penachos gigantes de polvo debido a la ausencia de viento; mundos con desiertos rosados y desolados —cada uno de esos mundos tiene una belleza extraña y sobrenatural que se reduce a simples manchas de luz si solamente miramos el cielo nocturno.
Esos otros puntos brillantes, que son estrellas en lugar de planetas, son en realidad soles. Algunos de ellos de incomparable grandeza, cada uno resplandeciendo con la luz de mil soles como el nuestro; algunos no son más que brasas que entregan su energía de manera mezquina. Otros son cuerpos compactos tan masivos como el Sol, pero con toda su masa comprimida en una bola más pequeña que la Tierra. Algunos son aun más compactos, con la masa del Sol comprimida en el volumen de un pequeño asteroide. Y los hay que todavía son aún más compactos, con su masa reducida a un volumen de cero, cuyo emplazamiento está marcado por un campo gravitatorio tan intenso que lo engulle todo y no devuelve nada; con la materia cayendo en espiral en ese pozo sin fondo y lanzando un agónico grito salvaje en forma de rayos X.
Hay estrellas que pulsan infinitamente en una gran respiración cósmica; y otras que, tras haber consumido su combustible, se expanden y enrojecen hasta que engullen a sus planetas, si es que tienen alguno (algún día, dentro de miles de millones de años, nuestro Sol se expandirá y la Tierra se quemará y se evaporará hasta convertirse en un gas de hierro y roca, sin dejar rastro de la vida que alguna vez tuvo). Y algunas estrellas explotan en un vasto cataclismo cuya feroz ráfaga de rayos cósmicos se desplaza hacia casi a la velocidad de la luz, y atraviesa miles de años luz hasta llegar a la Tierra y suministra parte de la fuerza motriz de la evolución a través de mutaciones.
A esa ínfima cantidad de estrellas que vemos al mirar hacia arriba en perfecta calma (no llegan a las 2.500, incluso en las noches más oscuras y despejadas) se le suma una vasta horda que no vemos, hasta trescientos mil millones – 300,000,000,000 – Para formar una gran espiral en el espacio. Esa espiral, la Galaxia de la Vía Láctea, se extiende tanto que a la luz, moviéndose a 300.000 kilómetros por segundo, le lleva cien mil años para atravesarla de un extremo al otro; y al tiempo rota alrededor de su centro en un giro amplio y majestuoso que tarda 200 millones de años en completarse, y el Sol, la Tierra y nosotros también hacemos ese giro.
Más allá de nuestra Vía Láctea hay más, una veintena de galaxias unidas a la nuestra en un cúmulo; la mayoría son pequeñas, con no más de unos pocos miles de millones de estrellas en cada una; pero al menos una, la galaxia de Andrómeda, es el doble de grande que la nuestra.
Más allá de nuestro propio cúmulo, existen otras galaxias y otros cúmulos; Algunos formados por miles de galaxias. Se extienden hacia el exterior tan lejos donde nuestros mejores telescopios pueden ver, sin signos visibles de un final, tal vez cien mil millones de ellos en total.
Y cada vez más estamos encontrando que en el centro de esas galaxias existe una intensa violencia cósmica, grandes explosiones y emanaciones de radiación, señalando, tal vez, la muerte de millones de estrellas. Incluso en el centro de nuestra propia galaxia existe una gran violencia, oculta de nuestro sistema solar y sus alrededores por enormes nubes de polvo y gas que se encuentran entre nosotros y el centro agitado.
Algunos centros galácticos son tan brillantes que pueden verse desde distancias de miles de millones de años luz; distancias desde las que las galaxias mismas no pueden divisarse, de modo que solo los centros brillantes y voraces de energía se dejan ver en forma de quásares. Algunos de estos se han detectado a más de 10 mil millones de años luz de distancia.
Todas estas galaxias se alejan unas de otras, en una vasta expansión universal que comenzó hace 15 mil millones de años cuando toda la materia en el universo estaba en concentrada en una pequeña esfera que explotó en la expansión más grande que se pueda concebir para formar las galaxias.
El universo puede expandirse eternamente o puede llegar el día en que la expansión se ralentice y se invierta en una contracción que vuelva a formar una pequeña esfera y comenzar el juego de nuevo, de manera que todo el universo estaría exhalando e inhalando alientos que quizás, tarden un billón de años en completarse.
Y toda esta visión, que sobrepasa la escala de la imaginación humana, fue posible gracias a los trabajos de cientos de astrónomos éruditos’. Todo esto se descubrió después de la muerte de Whitman, en 1892, y la mayoría en los últimos 25 años, de modo que el pobre poeta nunca supo qué belleza tan insignificante y limitada observó cuando miraba en silencio a las estrellas.
Tampoco nosotros podemos saber o imaginar ahora la belleza ilimitada que la ciencia nos revelará en el futuro.

 

 

Science and the Sense of Wonder by Isaac Asimov, August 12, 1979.
When I heard the learn’d astronomer,
When the proofs, the figures, were ranged in columns before me,
When I was shown the charts and diagrams, to add, divide, and measure them,
When I sitting heard the astronomer where he lectured with much applause in the lectureroom,
How soon unaccountable I became tired and sick,
Till rising and gliding out I wander’d off by myself,
In the mystical moist night-air, and from time to time,
Look’d up in perfect silence at the stars.

I imagine that many people reading these lines from one of Walt Whitman’s best-known poems tell themselves, exultantly, “How true! Science just sucks all the beauty out of everything, reducing it all to numbers and tables and measurements! Why bother learning all that junk when I can just go out and look at the stars?”
That is a very convenient point of view since it makes it not only unnecessary, but downright esthetically wrong, to try to follow all that hard stuff in science. Instead, you can just take a look at the night sky, get a quick beauty-fix, and go off to a nightclub.
The trouble is Whitman is talking through his hat, but the poor soul didn’t know any better.
I don’t deny that the night sky is beautiful and I have in my time spread out on a hillside for hours looking at the stars and being awed by their beauty (and receiving bug-bites whose marks took weeks to go away).
But what I see with my eye – those quiet, twinkling points of light – is not all the beauty there is. Should I stare livingly at a single leaf and willingly remain ignorant of the forest? Should I be satisfied to watch the sun glinting off a single pebble and scorn any knowledge of a beach?
Those bright spots in the sky that we call planets are worlds. There are worlds with thick atmospheres of carbon dioxide and sulfuric acid; worlds of red-hot liquid with hurricanes that could gulp down the whole Earth; dead worlds with quiet pockmarks of craters; worlds with volcanoes puffing plumes of dust into airlessness; worlds with pink and desolate deserts – each with a weird and unearthly beauty that boils down to mere specks of light if we just gaze at the night sky.
Those other bright spots, that are stars rather than planets, are actually suns. Some of them are of incomparable grandeur, each glowing with the light of a thousand suns like ours; some of them are merely red-hot coals doling out their energy stingily. Some of them are compact bodies as massive as the Sun, but with all that mass squeezed into a ball smaller than the Earth. Some are more compact still, with the mass of the Sun squeezed down into the volume of a small asteriod. And some are more compact still, with their mass shrinking down to a volume of zero, the site of which is marked by an intense gravitational field that swallows up everything and gives back nothing; with matter spiraling into that bottomless hole and giving out a wild death-scream of X-rays.
There are stars that pulsate endlessly in a great cosmic breathing; and others that, having consumed their fuel, expand and redden until they swallow up their planets if they have any (and some day, billions of years from now, our Sun will expand and Earth will crisp and sere and vaporize into a gas of iron and rock with no sign of the life it once bore). And some stars explode in a vast cataclysm whose ferocious blast of cosmic rays, harrying outward at nearly the speed of light, reaching across thousands of light years to touch the Earth and supply some of the driving force of evolution through mutations.
Those paltry few stars we see as we look up in perfect slience (some 2,500, no more, on even the darkest and clearest night) are joined by a vast horde we don’t see, up to as many as three hundred billion – 300,000,000,000 – to form an enormous pinwheel in space. This pinwheel, the Milky Way Galaxy, stretches so wide that it takes light, moving at 186,282 miles each second, a hundred thousand years to cross it from end to end; and it rotates about its center in a vast and stately turn that takes 200 million years to complete – and the Sun and Earth and we ourselves all make that turn.
Beyond our Milky Way Galaxy are others, a score or so of them bound to our own in a cluster of galaxies; most of them small, with no more than a few billion stars in each; but with one at least, the Andromeda Galaxy, twice as large as our own.
Beyond our own cluster, other galaxies and other clusters exist; some clusters made up of thousands of galaxies. They stretch outward and outward as far as our best telescopes can see, with no visible sign of an end – perhaps a hundred billion of them in all.
And in more and more of those galaxies, we are becoming award of violence at the center – of great explosions and outpourings of radiation, marking the death of millions of stars, perhaps. Even at the center of our own galaxy there is incredible violence, masked from our own solar system far in the outskirts by enormous clouds of dust and gas that lie between us and the heaving center.
Some galactic centers are so bright that they can be seen from distances of billions of light years; distances from which the galaxies themselves cannot be seen so that only the bright starlike centers of ravening energy show up – as quasars. Some of these have been detected from over 10 billion light-years away.
All these galaxies are hurrying outward from each other in a vast universal expansion that began 15 billion years ago when all the matter in the universe was in a tiny sphere that exploded in the hugest conceivable shatter to form the galaxies.
The universe may expand forever or the day may come when the expansion slows and turns back into a contraction to re-form the tiny sphere and begin the game all over again so that the whole universe is exhaling and inhaling in breaths that are a trillion years long perhaps.
And all of this vision – far beyond the scale of human imaginings – was made possible by the works of hundreds of learn’d astronomers. All of it; all of it was discovered after the death of Whitman in 1892 and most of it in the last 25 years, so that the poor poet never knew what a stultifed and limited beauty he observed when he look’d up in perfect silence at the stars.
Nor can we know or imagine now the limitless beauty yet to be revealed in the future – by science.

¡Hemos llegado a Alpha Centauri!

Ray Bradbury lee su poema “If Only We Had Taller Been” en Jet Propulsion Laboratory de la NASA, en 1971, para celebrar la misión Mariner 9, acompañado por Arthur C. Clarke y Carl Sagan.


If Only We Had Taller Been
The fence we walked between the years
Did bounce us serene.
It was a place half in the sky where
In the green of leaf and promising of peach
We’d reach our hands to touch and almost touch the sky,
If we could reach and touch, we said,
‘Twould teach us, not to, never to, be dead.
We ached and almost touched that stuff;
Our reach was never quite enough.
If only we had taller been,
And touched God’s cuff, His hem,
We would not have to go with them
Who’ve gone before,
Who, short as us, stood tall as they could stand
And hoped by stretching, tall, that they might keep their land,
Their home, their hearth, their flesh and soul.
But they, like us, were standing in a hole.
O, Thomas, will a Race one day stand really tall
Across the Void, across the Universe and all?
And, measured out with rocket fire,
At last put Adam’s finger forth
As on the Sistine Ceiling,
And God’s hand come down the other way
To measure man and find him Good,
And Gift him with Forever’s Day?
I work for that.
Short man, Large dream, I send my rockets forth
between my ears,
Hoping an inch of Good is worth a pound of years.
Aching to hear a voice cry back along the universal Mall:
We’ve reached Alpha Centauri!
We’re tall, O God, we’re tall!

RayBradbury

Solo que hubiéramos sido un poco más altos

La valla que recorrimos durante años,
nos hizo saltar serenos;
era un lugar a mitad de camino del cielo donde,
entre el verde de la hoja y la promesa del fruto
alzábamos las manos para alcanzar, casi alcanzar el cielo,
si pudiéramos estirarnos y tocar, decíamos,
aprenderíamos a no morir nunca.
A duras penas casi pudimos rozarlo
Solo que hubiéramos sido un poco más altos
tocaríamos el puño de la camisa, el dobladillo de Dios,
no tendríamos que ir con ellos.
con los que se fueron antes
Aquellos que, pequeños como nosotros,
se erguieron tanto como pudieron.
Con la esperanza de que al estirarse, podrían mantener su tierra,
su casa, su corazón, su cuerpo y su alma,
Pero, como nosotros, estaban sobre el abismo.
Ay, Tomás, ¿habrá una raza que algún día se alce
a través del vacío, del universo y de todo?
¿Y, medido con el fuego de un cohete
por fin ponga el dedo de Adán más arriba
como en la bóveda de la Capilla Sixtina,
y la mano de Dios vendrá del otro lado
para medir al hombre y hallarlo bueno
y entregarle el día eterno?
Trabajo para eso.
Hombre pequeño, sueño grande
Lanzó mis cohetes más lejos
entre mis oídos
esperando que una pulgada de Bien valga una libra de años
ansiando escuchar una voz que me responda desde el universo:
¡Hemos llegado a Alpha Centauri!
¡Somos altos, oh Dios, somos altos!

La sonda InSight de la NASA aterrizó ayer en Marte y ha enviado la primera fotografía. Pocos han amado tanto el planeta rojo como lo hizo Ray Bradbury que pidió que sus cenizas fueran esparcidas en él. Un buen momento para leer o releer las Crónicas marcianas.

THE MARTIAN CHRONICLES

Los Colonizadores – Agosto de 2001 (The Settlers, 1950)
The Martian Chronicles

Llegaron porque tenían miedo o porque no lo tenían, porque eran felices o desdichados, porque se sentían como los Peregrinos, o porque no se sentían como los Peregrinos. Cada uno de ellos tenía una razón diferente. Abandonaban mujeres odiosas, trabajos odiosos o ciudades odiosas; venían para encontrar algo, dejar algo o conseguir algo; para desenterrar algo, enterrar algo o alejarse de algo. Venían con sueños ridículos, con sueños nobles o sin sueños. El dedo del gobierno señalaba desde letreros a cuatro colores, en innumerables ciudades: HAY TRABAJO PARA USTED EN EL CIELO. ¡VISITE MARTE! Y los hombres se lanzaban al espacio. Al principio sólo unos pocos, unas docenas, porque casi todos se sentían enfermos aun antes que el cohete dejara la Tierra. Y a esta enfermedad la llamaban la soledad, porque cuando uno ve que su casa se reduce hasta tener el tamaño de un puño, de una nuez, de una cabeza de alfiler, y luego desaparece detrás de una estela de fuego, uno siente que nunca ha nacido, que no hay ciudades, que uno no está en ninguna parte, y sólo hay espacio alrededor, sin nada familiar, sólo otros hombres extraños. Y cuando los estados de Illinois, lowa, Missouri o Montana desaparecen en un mar de nubes, y más aún, cuando los Estados Unidos son sólo una isla envuelta en nieblas y todo el planeta parece una pelota embarrada lanzada a lo lejos, entonces uno se siente verdaderamente solo, errando por las llanuras del espacio, en busca de un mundo que es imposible imaginar. No era raro, por lo tanto, que los primeros hombres fueran pocos. Crecieron y crecieron en número hasta superar a los hombres que ya se encontraban en Marte. Los números eran alentadores. Pero los primeros solitarios no tuvieron ese consuelo.

Entrevista a Ray Bradbury

Voyager 2 Could Be Nearing Interstellar Space

voyager interstellar_space
NASA’s Voyager 2 probe, currently on a journey toward interstellar space, has detected an increase in cosmic rays that originate outside our solar system. Voyager 1 entered interstellar space in September 2013.

Dark was the night, cold was the ground

Dark was the night, cold was the ground”,
‘Blind’ Willie Johnson’s blues,
together with the Navajo’s nocturnal song
and the Ann Druyan’s heartbeat
have already crossed the Kuiper Belt.
-The NASA announced that Voyager 1
had dropped out the heliopause, leaving the Solar System-.
Homeless in the Milky Way,
clothed only by ionized gas,
DNA schemes and laws of Newton
his cosmic lethargy sleep
in the grooves of the Voyager golden record
with others ‘greatest hits’ of the Planet.
I hear the groan of the guitar
while darkening in this part of the Earth
and summer is weakened, as the sign of the Voyager.
The waning moon
and the wail of ‘Blind’ on the streets of Beaumont
moves towards the Oort cloud,
—in 40,000 years approaching the Giraffe constellation —
Among strumming and strum,
review inventory wandering in the abyss
and tries to explain “to whom it may concern”
continental drift, the evolution of vertebrates
or damned city traffic at rush hour.
On the cover,
a description Earth’s location in the Galaxy,
a hydrogen atom,
and instructions for use and handling of the disc
Dark was the night, cold was the ground
A underdog blues at the border
Deep voice push out into deep space
fragile messenger, “a rough road leads to the stars”

Elena Soto

Golden Record cover extraterrestrial instructions

The contents of the record were selected for NASA by a committee chaired by Carl Sagan of Cornell University, et. al. Dr. Sagan and his associates assembled 115 images and a variety of natural sounds, such as those made by surf, wind and thunder, birds, whales, and other animals. To this they added musical selections from different cultures and eras, and spoken greetings from Earth-people in fifty-five languages, and printed messages from President Carter and U.N. Secretary General Waldheim.
Among the 27 songs selected for the Voyager Golden Record, “Dark Was the Night, Cold Was the Ground” was chosen by NASA consultant Timothy Ferris[40] because, according to Ferris, “Johnson’s song concerns a situation he faced many times: nightfall with no place to sleep. Since humans appeared on Earth, the shroud of night has yet to fall without touching a man or woman in the same plight”.[40] Johnson’s recording of “Dark Was the Night, Cold Was the Ground” was also selected by the Library of Congress as a 2010 addition to the National Recording Registry, which selects recordings annually that are deemed “culturally, historically, or aesthetically significant””Dark Was the Night,” written and performed by Blind Willie Johnson. 3:15

 

Acoplado a un costado de las naves, viaja el disco de oro de las Voyager “Sonidos de la Tierra”. Entre los temas musicales enviados al Cosmos está la canción ‘Dark Was the Night, Cold Was the Ground‘, (Oscura era la noche, fría estaba la Tierra) de Blind Willie Johnson.
Oscura era la noche, fría estaba la Tierra

“Oscura era la noche, fría estaba la Tierra”,
el blues de ‘Blind’ Willie Johnson,
junto con el canto nocturno de los navajos
y los latidos del corazón de Ann Druyan
ya han cruzado el Cinturón de Kuiper.
—La NASA anunció que la Voyager 1
dejaba atrás la heliopausa, abandonando el Sistema Solar—.
Desamparados en la Vía Láctea,
arropados tan solo por gas ionizado,
los esquemas de ADN y las leyes de Newton
duermen su letargo cósmico
en los surcos del disco de oro de la Voyager
con otros ‘grandes éxitos’ del Planeta.
Escucho el gemido de la guitarra
mientras oscurece en esta parte de la Tierra,
y el verano se debilita, como la señal de la Voyager.
La luna mengua,
y el lamento de ‘Blind’ en las calles de Beaumont,
se desplaza hacia la nube de Oort,
—en unos 40.000 años se aproximará a la constelación de la Jirafa—.
Entre rasgueo y rasgueo,
repaso el inventario que vaga en el abismo
y que intenta explicar “a quién corresponda”
la deriva continental, la evolución de los vertebrados
o el endemoniado tráfico de una ciudad en hora punta.
En la carátula,
una descripción del lugar de nuestro planeta en la Galaxia,
un átomo de hidrógeno
y las instrucciones de uso y manejo del disco.
“Dark was the night, cold was the ground”
(Oscura era la noche, fría estaba la Tierra),
Un blues desvalido en la frontera.
Voz profunda adentrándose en el espacio profundo,
mensajera frágil “en el áspero camino hacia las estrellas”.
Lanzada en 1977, la Voyager 2 está a unos 17.700 millones de kilómetros de la Tierra. La NASA ha detectado un aumento en las mediciones de rayos cósmicos que impactan en la sonda. Señales que indican que la ‘Voyager 2’ podría estar saliendo del Sistema Solar.

Unknown Pleasures en la constelación de Vulpecula

Unknown Pleasures_pulsar_ Jocelyn Bell

Placeres desconocidos en la constelación de la Zorra

A Jocelyn Bell

Una taza puede ser un placer desconocido,
si tus manos acarician las ondas de un púlsar
de la constelación de Vulpecula.
El café impacta contra el fondo y,
mientras se vierte,
PSR B1919+21 ya ha dado una vuelta
-un giro cada 1,33730113 segundos-.
Aunque una taza nada tiene que ver con una estrella pulsante,
ni el chorro de café con una señal electromagnética,
fantaseo imaginando alguna leyenda interesante
de la constelación de la Zorra que,
según la Wikipedia, no tiene ninguna referencia mitológica.
Pero, en agosto de 1967, cuando Jocelyn Bell
detectó una señal de radio extraterrestre
que se repetía periódica cada 1,3 segundos.
la bautizó como Little Green Men 1 (LGM1),
los hombrecillos verdes.
Más tarde, descubrió que el origen del bip-bip regular
era un cadáver estelar rotando como un faro fantasma.
No había duendes galácticos.
La constelación de la pequeña Zorra regaló a Jocelyn
el primer electrocardiograma del latido
de una estrella pulsante de neutrones;
un buen currículum para la discreta Vulpecula.
El patrón de líneas del corazón errante PSR B1919+21
se convirtió en un icono,
alguien pensó que el perfil de sus ondas,
también era un placer desconocido
(Unknown Pleasure)
y el sonido cósmico acabó en la portada de un disco.
A miles de años luz de Vulpecula,
vuelvo a los rituales cotidianos,
al café y a la taza terrestres,
un ajuste fino al echar el azúcar
me ayudará en los cálculos cósmicos.
Los expertos dicen
que una cucharadita de su materia estelar
pesa tanto como el Everest.

Elena Soto

En el verano de 1967, la astrofísica Jocelyn Bell descubrió un patrón de señales de radio muy cortas y regulares, que procedían de un exótico objeto localizado en la constelación de Vulpecula (la pequeña Zorra); el origen de las ondas era una estrella pulsante (púlsar), la primera que se había detectado y que se bautizó como PSR B1919+21.
Doce años después, la banda de post-punk Joy Division utilizó el gráfico de las ondas del púlsar, con los colores invertidos, como portada de su álbum Unknown Pleasures (Placeres desconocidos). Actualmente el diagrama de los latidos de PSR B1919+21 es un icono del merchandising.

Unknown pleasures in the constellation of the Vixen

To Jocelyn Bell

A cup can be an unknown pleasure,
if your hands caress the waves of a pulsar
the constellation of Vulpecula.
The coffee hits the bottom and,
while pouring,
PSR B1919 + 21 has already come around
-one turn every 1.3737303 seconds-.
Although a cup has nothing to do with a pulsating star,
nor the jet of coffee with an electromagnetic signal,
I fantasize imagining some interesting legend
about the constellation of the Vixen that,
according to Wikipedia, it has no mythological reference.
But, in August of 1967, when Jocelyn Bell
detected an extraterrestrial radio signal
that was repeated periodically every 1.3 seconds.
He named it Little Green Men 1 (LGM1),
los hombrecitos verdes.
Later, she discovered that the origin of the regular beep-beep
it was a star corpse rotating like a ghost beacon.
There were no galactic goblins.
The constellation of the little Vixen gave Jocelyn
the first heartbeat electrocardiogram
of a pulsating neutron star;
a good curriculum for the discrete Vulpecula.
The pattern of wandering heart lines PSR B1919 + 21
he became an icon,
someone thought that the profile of their waves,
it was also an unknown pleasure
(Placer desconocido)
and the cosmic sound ended up on the cover of a record.

Thousands of light years away from Vulpecula,
I return to daily rituals,
to coffee and the terrestrial cup,
a fine adjustment when pouring sugar
It will help me in the cosmic calculations.
The experts say
than a teaspoon of your star stuff
it weighs as much as Everest.

Jocelyn Bell pulsar

Ilustración generada por ordenador en el Radio Observatorio de Arecibo en Puerto Rico de 80 períodos sucesivos del primer púlsar observado, CP1919 (Cambridge pulsar a las 19 horas y 19 minutos de ascensión correcta)

 

hombrecillosverde

El universo de Jocelyn Bell Burnell

jocelyn_bell_pelopanton.png
Ilustración de Pelopanton (Luis Resines) de su serie dedicada a científicas.