Solo Euclides

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Solo Euclides

Solo Euclides ha contemplado la belleza desnuda.
Que todos los que presumen de belleza callen,
y se inclinen sobre la tierra
para reflexionar sobre sí mismos, al tiempo que miran
la nada, intrincadamente, dibujada en ninguna parte
en formas de linaje cambiando; dejad que los gansos
graznen y silben, porque los héroes buscan la liberación
de la polvorienta esclavitud en el aire luminoso.
Oh cegadora hora, Oh sagrado y temido día,
cuando por primera vez el rayo iluminó su visión
diseccionando la luz de las formas! Solo Euclides
ha contemplado la belleza desnuda. Afortunados los que,
solo de vez en cuando, aunque más tarde se hayan alejado,
escucharon su enorme sandalia golpear contra la piedra.

Edna St. Vincent Millay (1892 – 1950)

Euclid Alone

Euclid alone has looked on Beauty bare.
Let all who prate of Beauty hold their peace,
And lay them prone upon the earth and cease
To ponder on themselves, the while they stare
At nothing, intricately drawn nowhere
In shapes of shifting lineage; let geese
Gabble and hiss, but heroes seek release
From dusty bondage into luminous air.
O blinding hour, O holy, terrible day,
When first the shaft into his vision shone
Of light anatomized! Euclid alone
Has looked on Beauty bare. Fortunate they
Who, though once only and then but far away,
Have heard her massive sandal set on stone.

Edna St. Vincent Millay,  Collected Poems

Edna fue poeta, dramaturga y feminista. En 1923 ganó el Premio Pulitzer de Poesía por “The Ballad of the Harp-Weaver”, convirtiéndose en la tercera mujer galardonada con este premio y la primera en recibirlo con ese nombre.

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La silla y Prodigio de Charles Simic

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La silla

Esta silla fue una vez alumna de Euclides.

El libro de sus postulados reposa sobre el asiento.
Las ventanas de la escuela estaban abiertas,
así que el viento pasaba las páginas
susurrando su famosa demostración.

El sol se puso sobre los tejados dorados.
Las sombras se alargaban por todas partes,
pero Euclides guardó silencio sobre eso.

The chair

This chair was once a student of Euclid.

The book of his laws lay on its seat.
The schoolhouse windows were open,
So the wind turned the pages
Whispering the glorious proof.

The sun set over the golden roofs.
Everywhere the shadows lengthened,
But Euclid kept quiet about that.

Prodigio

Crecí inclinado sobre
un tablero de ajedrez.

Me gustaba la expresión “jaque mate”.

Todos mis primos parecían preocupados.

Era una casa pequeña
cerca de un cementerio católico.
Los aviones y los tanques
sacudían los cristales.

Un profesor de astronomía jubilado
me enseñó a jugar.

Debió de ser en 1944.

En el juego que usábamos
la pintura se había desprendido
de las piezas negras.

El rey blanco había desaparecido
y hubo que sustituirlo.

Me han dicho, pero no me lo creo:
que ese verano vi cómo colgaban a unos hombres
de los postes del teléfono.

Recuerdo a mi madre
tapándome los ojos.
Tenía una habilidad asombrosa para ocultarme
de repente la cabeza debajo de su abrigo…

El profesor me dijo que en el ajedrez
los maestros también juegan a ciegas
los mejores, varias partidas
a la vez.

Prodigy

I grew up bent over
a chessboard.

I loved the word endgame.

All my cousins looked worried.

It was a small house
near a Roman graveyard.
Planes and tanks
shook its windowpanes.

A retired professor of astronomy
taught me how to play.

That must have been in 1944.

In the set we were using,
the paint had almost chipped off
the black pieces.

The white King was missing
and had to be substituted for.

I’m told but do not believe
that that summer I witnessed
men hung from telephone poles.

I remember my mother
blindfolding me a lot.
She had a way of tucking my head
suddenly under her overcoat.

In chess, too, the professor told me,
the masters play blindfolded,
the great ones on several boards
at the same time.

Charles Simic (Belgrado, 1938)