Poema a Sibylla Merian

Maria Sibylla Merian murió en Ámsterdam el 13 de enero de 1717 y fue enterrada unos días más tarde, el 17 de enero, en lo que entonces era el cementerio Leidse Kerkhof, en el centro de la ciudad. Persiste el mito de la tumba de indigente, pero la inscripción en el registro funerario es clara: Maria Sibylla Merian invirtió cuatro florines antes de morir para que 14 portadores del féretro la condujeran a su última morada. El cementerio donde fue inhumada se cerró en 1866.
En su memoria, he escrito un poema para una lápida imaginaria, donde pueda reposar con todas las criaturas que tanto amó. Si viviera hoy en día, Merian visitaría los cementerios para observar a las mariposas y dibujar su fragilidad. Recientes estudios han constatado que estos espacios son los últimos refugios para muchas especies de flora y fauna, reconociendo su papel como protectores de la biodiversidad. El limbo de no sepultura de Sibylla Merian ha sido la inspiración para este poema.

Mariposas en el limbo

A Sibylla Merian

Cuando la luz extiende sus alas entre las mariposas,
las medioluto del norte
vuelan hasta el cementerio de Leidse
guiadas por la Parca.
Las lanzas del lirio guerrero
custodian una lápida sin nombre,
donde las flores de centaura parpadean
atrayendo a las errantes.
Las escamas flotan,
como povisas de nieve sobre el mármol,
descienden lentamente y se posan,
dibujando un damero para Sibylla Merian.

Anochece, en el santuario de difuntos sin nombre,
las polillas lunares funden sus alas
con el liquen de las alas de los ángeles
y las pavones gigantes vigilan en la oscuridad
la tumba donde centellean las luciérnagas,
adornada con una diadema de destellos luminosos.

Los que llamaban engendros del Averno
acuden a su reunión secreta con las plantas.
Selenias y saturnias alzan vuelo,
agitan la memoria de la noche
despertando el sueño de las flores;
son fantasmas que arrebatan con el polen
imágenes oníricas
para que Sibylla Merian las pinte en sus estampas,
-de la natividad a la resurrección-
«La oruga, maravillosa transformación y extraña alimentación floral»

Línea a línea, con un trazo suave,
tan frágil como el polvo de sus alas,
las bestias mutan en criaturas celestiales
sobre el pergamino.
Merian las amaba,
sabía que no eran entelequias,
«Todas las orugas emergen de sus huevos».
A veces las nutría,
anotaba sus costumbres,
observaba los sudarios de seda suspendidos de los árboles,
los cofres colgando como extraños frutos de los tallos,
descubría mandorlas enterradas en el suelo o entre hojas.
Crisálidas esperando a que la luz revele
los colores impresos en sus genes.

Sibylla Merian, la iluminadora de las mariposas

«En mi juventud me dediqué a buscar insectos. Empecé con los gusanos de seda de mi ciudad natal de Fráncfort. Después establecí que a partir de otras orugas se desarrollaban muchas de las bellas mariposas diurnas, como lo hacen los gusanos de seda. Esto me llevó a recoger todas las orugas que podía encontrar para observar su transformación».
Uno de los fenómenos más fascinantes de la naturaleza es la metamorfosis que, en algunas criaturas como la mariposa, es espectacular. La transformación que experimentan no es exclusiva de estos animales, ocurre en muchos otros, pero en el caso de las mariposas es de tipo completo produciéndose grandes cambios fisiológicos y estructurales, que van desde el nacimiento hasta que alcanzan su madurez. Las cuatro etapas de este proceso (huevo, larva, crisálida e imago) han sido objeto de todo tipo de especulaciones dando pie a las más variadas creencias y concepciones místicas.
El Renacimiento trajo consigo avances notables de la mano de los naturalistas que comenzaron a alejarse de la dimensión simbólica de los insectos y a describirlos, sentando las bases de la entomología moderna. Gracias a sus observaciones y a las de siglos posteriores se comenzó a conocer cómo era la metamorfosis de muchas espacies.
Una de las figuras más notables en este campo es la de la naturalista y pintora alemana Maria Sibylla Merian (1647-1717) que dedicó toda su vida al estudio de los insectos, especialmente de las mariposas. «Cuando me di cuenta de que las mariposas y las polillas se desarrollaban más deprisa que otras orugas, recogí todas las orugas que pude encontrar para observar su metamorfosis», escribió sobre de su trabajo. «Me retiré de la sociedad humana y me dediqué exclusivamente a estas investigaciones. Además, aprendí el arte de dibujar para poder trazarlas y describirlas tal como son en la naturaleza».
Pero, además de la metamorfosis, Merian también añadió numerosos detalles de la evolución y vida de los insectos, mostrando, por ejemplo, como cada oruga depende de ciertas plantas para su alimentación y que este es el motivo por el que ponen los huevos cerca de ellas.
Tras perder a su padre a los tres años de edad, se educó con su padrastro, el artista Jakon Marell, que le enseñó pintura, dibujo y grabado y con 13 años ya realizaba imágenes de las plantas e insectos que observaba. A los 18 años contrajo matrimonio con el arquitecto y pintor Johann Andreas Graff y se trasladó a Nuremberg, donde siguió con sus observaciones e ilustraciones, centrando su investigación en las mariposas y dibujando detalladamente su metamorfosis. Estos apuntes serían la base de su libro La oruga, su maravillosa transformación y su extraña alimentación con flores, en el que reúne una serie de grabados que ilustra una gran variedad de ejemplares botánicos.
Pero la parte más apasionante de su investigación comenzó en 1685, cuando tras separarse de su marido emprendió un viaje en solitario de investigación y observación de la naturaleza que la llevaría a Surinam, en la Guayana holandesa, para estudiar las plantas, frutos e insectos de la región y enriquecer su investigación y su obra gráfica. Viajó acompañada de una de sus hijas y se dedicó en cuerpo y alma a dibujar insectos y plantas autóctonos hasta que la malaria la obligó a volver a Europa.
Los viajes científicos eran bastantes desconocidos en esta época y sus contemporáneos, por supuesto hombres, cuando se desplazaban a las colonias era para hacer colecciones o para instalarse y prosperar. Ninguna mujer iba a la otra punta del mundo a estudiar animales y su proyecto fue considerado una excentricidad. Merian recolectaba orugas, las alimentaba con las hojas de las plantas donde las encontraba y observaba su transformación, comprobando que dos que parecían idénticas, tras la metamorfosis, eran muy distintas (dimorfismo sexual). Realizaba sus exploraciones acompañada por nativos que le contaban todo lo que sabían de los animales y las plantas (nombres, usos medicinales…), en una de las láminas de este libro dedicada a la planta Flos Pavonis (Caesalpinia pulcherrima) comenta que «Los los esclavos la emplean para no tener hijos».
«He creado la primera clasificación de todos los insectos con crisálida, las capillas que vuelan de día y las lechuzas, que vuelan de noche. La segunda clasificación es para los gusanos, orugas, moscas y abejas. Conservé los nombres de plantas, ya que eran utilizados en América por los habitantes y los indios».
A su vuelta de Surinam, publicó su obra magna Metamorphosis Insectorum Surinamensium, en holandés y latín, un tratado con el que estableció los fundamentos de la entomología moderna, además de presentar especies desconocidas para naturalistas europeos. Pero sus estudios no fueron aceptados por la comunidad científica de la época. Maria Sibylla Merian continuó observando la naturaleza y dando clases de dibujo hasta poco antes de su muerte pues sus publicaciones no le daban para vivir.
Sus años de investigadora la convirtieron en la primera naturalista enfocada por completo en la transformación de los insectos. Su clasificación de las mariposas de Surinan es utilizada aún hoy en día. Desafortunadamente, su trabajo fue ignorado durante muchos años. En Alemania, la trayectoria de la entomóloga fue reconocida públicamente en el siglo XX. Además del interés científico, sus dibujos son considerados como obras de arte y coleccionados por aficionados de todo el mundo.
El poema dedicado a la naturalista Maria Sibylla Meria participa en el tema Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia de Hypatiacafe @hypatiacafe.

ENLACES DE INTERÉS
María Sybilla Merian: conquistadora de lo imposible de Alejandra Olguín.
Maria Sibylla Merian, una valiente entomóloga, de Carolina Martínez Pulido, publicado en Mujeres con ciencia.
Maria Sibylla Merian, intrepid traveler, de Theresa Thompson

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Poem to Sibylla Merian

Maria Sibylla Merian died in Amsterdam on January 13, 1717 and was buried a few days later, on January 17, in what was then the Leidse Kerkhof in the center of the city. The myth of the pauper’s grave persists, but the inscription in the burial register is clear: Maria Sibylla Merian invested four guilders before her death for 14 pallbearers to carry her to her final resting place. The cemetery where she was buried was closed in 1866.
In her memory, I have written a poem for an imaginary tombstone, where she can rest with all the creatures she loved so dearly. If she were alive today, Merian would visit cemeteries to observe butterflies and sketch their fragility. Recent studies have found that these spaces are the last refuges for many species of flora and fauna, recognizing their role as protectors of biodiversity. Sibylla Merian’s no-burial limbo has been the inspiration for this poem.

Butterfly limbo

When the light spreads its wings among the butterflies,
the northern half- mourner fly to
the Leidse cemetery
guided by the Reaper.
The lances of the warrior lily
guard a tombstone without a name,
where the centaury flowers flicker
attracting the wandering ones.
The scales float,
like snow povises on marble,
slowly descend and land,
drawing a checkerboard for Sibylla Merian.

Night falls, in the shrine of the nameless dead,
moon moths fuse their wings
with the lichen of the angels’ wings
and the giant peacocks keep watch in the darkness
the tomb where the fireflies sparkle
adorned with a tiara of luminous flickers.

Those they called the begets of the Avernus
come to their secret meeting with the plants.
Selenies and saturnias take flight,
shake the memory of the night
awakening the dream of the flowers;
They are ghosts that snatch with the pollen
dreamlike images
for Sibylla Merian to paint in her prints,
–from the Nativity to the Resurrection-
The Caterpillar’s marvelous transformation and strange floral food.

Line by line, with a soft stroke,
as fragile as the dust on its wings,
the beasts mutate into celestial creatures
on the parchment.
Merian loved them,
she knew they were not entelechies,
«All caterpillars emerge from their eggs
Sometimes she nurtured them,
noted down their habits,
She watched the silk shrouds suspended from the trees,
the chests hanging like strange fruits from the stems,
She discovered mandorlas buried in the ground or among leaves.
Crysalides waiting for the light to reveal
the colors imprinted in their genes.

Código de Eavan Boland

La poeta Eavan Boland y la científica de la computación Grace Murray Hopper

Código de Eavan Boland

Una oda a Grace Murray Hopper 1906-88
creadora de un compilador informático y verificadora de COBOL

 

De poeta a poeta. Te imagino
En el límite del lenguaje, al comienzo del verano
en Wolfeboro, New Hampshire, escribiendo código.
No tienes sentido del tiempo. Ni siquiera sentido de los minutos.
No pueden llegar al interior de tu mundo,
tu puesto de trabajo gris
con el cuando y el ahora nunca y el una vez.
Te has perdido los otros siete.
Este es el octavo día de la Creación.

El pavo real ha sido creado, los ríos se han repoblado.
El arco iris se ha inclinado para vestir a la trucha.
La tierra ha encontrado su polo, la luna sus mareas.
Los átomos, las energías han hecho su trabajo,
han hecho el mundo, lo han terminado, han descansado.
Y a esto lo llamamos Creación. Y tú te lo has perdido.

La línea de mi horizonte, azul sólido
aparece por fin a cincuenta años de distancia
de tu fastidiosa y exacta paciencia:
La primera señal de que la noche será día
es un revuelo de hojas en este suburbio de Dublín
y el aire y los invertebrados y las aves
mientras la tierra vuelve de nuevo
a sus explicaciones:
Sus sombras. Sus reflejos. Sus palabras.

Estás al oeste de mí y en el pasado.
La oscuridad cae. La luz está en otra parte.
Las luciérnagas asoman por encima del lago.
Tú estás compilando binarios y ceros.
El mundo dado es lo que puedes traducir.
Y separas lo menor de lo mayor.

Que haya lenguaje…
aunque lo usemos de forma diferente:
Nunca lo hice atemporal como tú.
Nunca lo hice numérico como tú.
Y sin embargo lo uso aquí para imaginar
cómo en tu escritorio en el crepúsculo
la leyenda, la historia y el mito, por supuesto,
se reúnen en Wolfeboro, New Hampshire,
como si de un recuerdo se tratara. Como si de una fuente se tratara.

Hacedor del futuro, si el pasado
se está desvaneciendo de nuestra vista con la luz
fuera de la ventana y el archivo único
de elementos y animales, y todos los datos
de origen y resultado, que nunca encontrarán
su camino hacia ti o se refugian en tu sintaxis…

no hay ninguna diferencia entre nosotras.
Seguimos siendo humanas. Todavía hay luz
en mi barrio y tú estás en mi mente–
con la cabeza gacha, lo suficientemente mayor como para ser mi madre…
escribiendo código antes de que se vaya la luz del día.
Estoy escribiendo en una pantalla tan azul
como cualquier colina, como cualquier lago, componiendo esto
para mostrarte cómo el mundo comienza de nuevo:
Una palabra a la vez.
De una mujer a otra.

Código, New Collected Poems de Eavan Boland (Dublin, Irlanda, 24 setembre 1944 – Dublin, 27 abril 2020)

Traducción, Elena Soto.

Code by Eavan Boland

 

An Ode to Grace Murray Hopper 1906-88
maker of a computer compiler and verifier of COBOL

Poet to poet. I imagine you
at the edge of language, at the start of summer
in Wolfeboro, New Hampshire, writing code.
You have no sense of time. No sense of minutes even.
They cannot reach inside your world,
your gray work station
with when yet now never and once.
You have missed the other seven.
This is the eight day of Creation.

The peacock has been made, the rivers stocked.
The rainbow has leaned down to clothe the trout.
The earth has found its pole, the moon its tides.
Atoms, energies have done their work,
have made the world, have finished it, have rested.
And we call this Creation. And you missed it.

The line of my horizon, solid blue
appears at last fifty years away
from your fastidious, exact patience:
The first sign that night will be day
is a stir of leaves in this Dublin suburb
and air and invertebrates and birds,
as the earth resorts again
to its explanations:
Its shadows. Its reflections. Its words.

You are west of me and in the past.
Dark falls. Light is somewhere else.
The fireflies come out above the lake.
You are compiling binaries and zeroes.
The given world is what you can translate.
And you divide the lesser from the greater.

Let there be language–
even if we use it differently:
I never made it timeless as you have.
I never made it numerate as you did.
And yet I use it here to imagine
how at your desk in the twilight
legend, history and myth of course,
are gathering in Wolfeboro, New Hampshire,
as if to a memory. As if to a source.

Maker of the future, if the past
is fading from our view with the light
outside your window and the single file
of elements and animals, and all the facts
of origin and outcome, which will never find
their way to you or shelter in your syntax–

it makes no difference to us.
We are still human. There is still light
in my suburb and you are in my mind–
head bowed, old enough to be my mother–
writing code before the daylight goes.
I am writing at a screen as blue,
as any hill, as any lake, composing this
to show you how the world begins again:
One word at a time.
One woman to another.

 

Código, poema de Eavan Boland, dedicado a Grace Murray Hopper (1906 – 1992), pionera de la programación informática y miembro del equipo que desarrolló el primer compilador -una especie de traductor de lenguaje hombre-máquina- para el desarrollo de los lenguajes de programación.

En este poema, Boland trata la conexión entre escribir poesía y escribir código informático: «De poeta a poeta», dice en su primer verso, quedando ambas unidas por el lenguaje, aunque lo utilicen de forma diferente.

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