Ecstasy de Hedy Lamarr

hedy-lamar

Ecstasy

It began, as it will, in privacy,
Hedy Lamarr, right hand on the ivory keys,
an octave below her, George Antheil, slim
on a leather bench. He was playing a riff.
She followed. Again, then again, impulse
and echo, call and response, and Look,
she whispered, we are talking in code,
our sweet locution seamless, unbreakable.

And just what the nation needed-they knew-
a secret-spun articulation, a ciphered
téte-à-téte. It was 1942,
radio signals simple and jammable.
Here was the answer: a ticking riff,
electric, magnetic, hopping the frequencies,
tapping its glossy fingertips
down a slumped torpedo’s salty flank.

Out through the century its spectrum spread,
battlefield to microchip, a million million
cryptic trysts-while Lamarr with her patent,
her prize, met in darkness her flickering other.
Emulsion and light, she was less than a girl,
onion-skin thin on a waxy screen.

And desire’s perfect complement:
weightless, ageless, a film on the upturned eye.

How innocent her image then, as out through
the century’s cone-lit rooms, a nation sank
into velvet chairs. Then call and response,
synapse and blush, and Look, she whispered,
there is nothing between us-until nothing
stopped her airy touch, and nothing
stirred, and nothing cast its rhythmic clicks
high in the darkness above them.

El poema Ectasy de Linda Bierds aparece en su libro First Hand
first-hand

En 1942, cuando el mundo estaba en guerra y las imágenes de Hedy Lamarr llenaban las pantallas, la actriz desarrolló, junto con el compositor George Antheil, un sistema de comunicaciones por radio que no podía ser interceptado por el enemigo, pues cambiaba constantemente de frecuencia. Crearon una primera versión del denominado espectro ensanchado, que se utiliza en diferentes sistemas de telecomunicaciones.
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Linda Bierds es poeta y profesora de inglés y de escritura creativa en la Universidad de Washington, autora entre otras obras de First Hand

Éxtasis

Comenzó, como suele pasar, en la intimidad,
Hedy Lamarr, la mano derecha sobre las teclas de marfil,
una octava por debajo de ella, George Antheil, delgado
en un banco de cuero. Estaba tocando un riff.
Ella siguió. Una y otra vez más, el impulso
y el eco, llamada y respuesta, y mira,
susurró, -estamos hablando en clave,
nuestro dulce idioma transparente, inalterable.

Justo lo que la nación necesita -lo sabían-
una comunicación secreta, un cifrado
tête-à-tête. Era 1942,
señales de radio simples y bloqueables.
Aquí estaba la respuesta: un riff tictac,
eléctrico, magnético, saltando las frecuencias,
tocando sus dedos brillantes
por el flanco salado de un torpedo hundido.

A lo largo del siglo su espectro se expandió,
del campo de batalla al microchip, un millón de millones
de citas crípticas, mientras Lamarr con su patente,
su premio, se reunió en la oscuridad con otro parpadeo.
Emulsión y luz, tan solo era una niña,
piel de cebolla fina sobre una pantalla de cera.

Y el complemento perfecto del deseo:
sin peso, sin edad, una película sobre el ojo entornado.

Qué inocente es entonces su imagen, ya que a través de
salas de cono iluminado del siglo, una nación se hundió
en sillas de terciopelo. Luego llamada y respuesta,
sinapsis y sonrojo, y mira, ella susurró:
no hay nada entre nosotros, hasta que nada
detuvo su toque aireado, y nada
se agita, y nada emite sus clics rítmicos
un alto en la oscuridad sobre ellos.

El virus del ordenador

vainica doble Carbono 14

El virus del ordenador de Vainica Doble (tema del álbum Carbono 14)

Confieso que soy
la causa de un lío infernal,
confieso que soy
un riesgo internacional.
Trabajo a nivel
de redes de alcance mundial,
mi radio de acción
es el universo,
procedo a traición,
porque soy perverso;
mi caldo de cultivo
está en los electrones negativos.

Confieso que soy
pirata del mundo industrial,
confieso que soy
espía internacional.
Por ordenador
practico mi amor por el mal.
Por ordenador
me meto en su casa;
por ordenador
en la propia NASA;
mi caldo de cultivo
está en los electrones negativos.

Soy el virus del ordenador,
soy el virus del ordenador,
un germen sin conciencia,
sin clemencia, ni pudor;
soy la oveja más negra de la ciencia;
porque soy
un ángel exterminador,
soy el virus del ordenador,
un error de la ciencia.
¡Qué no haré cuando sea mayor,
si aún estoy en la adolescencia!

Confieso que estoy
tramando el fantástico plan
de hundir a la vez
el Pentágono y el Bundesbank.
Y no cejaré
hasta que ponga todo al revés,
el sur en el norte
el norte abajo
que “la cumbre” en pleno
se vaya al carajo,
si no hallo en el camino
al pérfido antivirus asesino.

Soy el virus del ordenador,
soy el virus del ordenador,
un germen sin conciencia,
sin clemencia, ni pudor,
soy la oveja más negra de la ciencia,
porque soy
un ángel exterminador
soy el virus del ordenador,
un error de la ciencia,
¡Qué no haré cuando sea mayor,
si aún estoy en la adolescencia!

Soy el virus del ordenador,
soy el virus del ordenador,
un germen sin conciencia,
sin clemencia, ni pudor,
soy la oveja más negra de la ciencia,
porque soy
un ángel exterminador
soy el virus del ordenador,
un error de la ciencia.

¡Qué no haré cuando sea mayor,
si aún estoy en la adolescencia!

Vainica Doble. Álbum Carbono 14  (1997)

” Teoría y organización de autómatas complejos   de  John Louis Von Neumann

Aunque para el gran público los virus comienzan a ser conocidos a comienzos de la década de los 80 su origen se remonta a 1939 cuando el matemático John Louis Von Neumann escribió el artículo “Teoría y organización de autómatas complejos”, en el que hablaba de la posibilidad de desarrollar pequeños programas que pudiesen tomar el control de otros con una estructura similar.
Este artículo de Neumann inspiró a tres jóvenes programadores Robert Tomas Morris, Douglas McIlory y Víctor Vysottsky que trabajaban en AT&T, Bell Computer; que crearon un programa al que llamaron CoreWar.
CoreWar, conocido como Red Code (código rojo), era un juego que, en la actualidad es posible ejecutar por medio de un programa llamado MARS (Memory Array Redcode Simulator).
Los contendores del CoreWar ejecutan programas que poco a poco van disminuyendo la memoria del ordenador y el ganador es el que logra eliminarla totalmente.
El nombre de virus se debe a su parecido con los biológicos, pues se introducen en el ordenador (cuerpo humano), infectan los programas y ficheros (las células) y se reproducen, propagando la infección por el propio sistema, y contagiando a otros sistemas que tengan contacto con el original. El primero en haberlos llamado virus fue Len Adleman.